Refugiado en casa, al amparo
de lluvias y vientos, matar la
tarde pretendía con la única
compañía de la pantalla en
blanco del ordenador.
Después de tanto tiempo
escribiendo sus inquietudes
y opiniones, con desigual acierto,
sobre temas de la española
actualidad, ningún asunto
se le ocurría, que antes no
hubiera tratado.
Sin rumbo fijo marcado,
teclea letras para ver lo
que sale. No es este su oficio,
es un aficionado que se limita
a juntarlas.
Sin mayores pretensiones,
unas tras otras se suceden;
a la espera de que otro día
esté más combativo e iluminado.
Hastiado por la cochambre que
nos circunda, el mentir constante
del demacrado busto hablante
y la subversión de valores,
espera que la luz se abra paso
entre la tenebrosa oscuridad.
Ha salido lo que ha salido.
Se cierra la hoja.
Se apaga la pantalla.
Habrá que volver a la carga,
aunque para nada o poco valga.
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