Perdida la cordura, afloran en Trump
la paranoia y la endiosada locura.
Preso de tal desvarío, ha llegado
al insólito
extremo de lanzar ofensas
e improperios contra el Papa, León
XIV,
cabeza visible de la Iglesia
Católica,
adalid preclaro por la paz, el
diálogo
para el común entendimiento, el no
a las guerras y otros tipos de violencia.
No creemos que Trump se excuse y
pida
perdón por los graves e injustificados
exabruptos contra el Papa. Nada a su
favor ha cosechado y le han
arreciado
las críticas. La poca credibilidad
que
le quedaba, se ha evaporado.