La guerra de Irán se está alargando
más
de lo previsible. Se produce, por
ambos
bandos, la intoxicadora “ guerra psicológica
“,
dudándose, a veces, de lo que se afirma y
relata.
Incluso extraña que, con el nivel de
destrucción
habida-a base de bombardeos, misiles,
drones
y otros medios bélicos – haya habido tan
pocas
víctimas mortales.
Cabe recordar el aserto de que “ La primera
víctima
de toda guerra es la verdad .” Si, encima, se
utiliza la
Inteligencia Artificial para ocultarla y crear
ficciones,
sólo cabe recurrir a los fiables hechos
constados,
para poder hacer un juicio ponderado de
valor,
sin descartar la posibilidad de
error.
Con todo, son innegables las pruebas del
terrorismo
de la islamista teocracia persa, así como la
represión y masacre contra su
pueblo.
Pero, “ a toro pasado “, viendo la prolongación
de la guerra, sus nefastas
consecuencias
económicas y la onerosa afectación al precio
de los
combustibles y productos gasísticos,
sólo cabe preguntarse si no hubo otros
medios
para eliminar el Régimen de los
Ayatolás.
Las guerras se sabe cómo empiezan, pero
no
cómo acaban. En este caso, para asegurar
la
paz en la región, extirpar la cabeza del
mal
y sus tentáculos, procedería acabar el “ trabajo
“.
Pero si priman otros intereses y
oportunismos,
olvidamos lo dicho.
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