Viendo cómo están las cosas
y los sucesos terribles que
se producen y repiten, surge
la tentación de decir: “ que se
pare el Mundo, que me apeo. “
Pero el Mundo no se detiene
ni podemos desentendernos
de lo que, para bien o para mal,
en él ocurre; aunque tantas veces
no “ gire “ al personal gusto o
conveniencia.
Siempre ha sucedido así: unos
pocos manejan los hilos, voltean
el “ mapa mundi “ o espacios
de su esfera, y el común,
cual marioneta, es impelido al
caprichoso destino, diseñado
por aquéllos.
Dentro de nuestras limitadas
posibilidades, procuremos que
el viaje no se convierta en una
pesada carga y que sea apacible
para todos con los que compartimos
el trayecto.
Utópica ambición, pero por desearlo,
que no quede.
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