Monseñor Ettore Balestrero, Observador Permanente
de la Santa Sede, ante las
Naciones Unidas, en una conferencia pronunciada ante este Organismo
Internacional, denunció que “
en 2025, casi 400 millones de cristianos, o
uno de cada siete cristianos, son víctimas de persecución o violencia.
Constituyen
la comunidad religiosa más perseguida del mundo. En 2025, casi 5.000 creyentes fueron
asesinados a causa de su fe. En esencia, trece
al día “.
Estas documentadas palabras deberían llevar a la
reflexión del porqué del
infundado odio contra los cristianos, que se ceba con impunidad y que tantas veces se impulsa o es
tolerado por naciones de, antaño,
raigambre cristiana fe y de los valores que la conforman.
Tal vez la respuesta se encuentre en el
relativismo, el utilitarismo, la descreencia,
la negación y la banalización de la trascendencia humana- todo ello, tan en
boga en los últimos años-, además una
serie de otros factores socio-culturales
que alienan a las sociedades.
Vista la situación, se impone un cambio de
actitudes y pensamientos que liberen
al hombre de las ataduras y pulsiones que
lo degradan y esclavizan.
La aconfesionalidad no
justifica el laicismo beligerante que obnubila la sacralidad de las
personas.
La Religión de Amor, simbolizada por el Cristo
Crucificado, marca el camino a
seguir para cambiar el rumbo y volver a la autenticidad.
Iniciemos el camino con Fe,
Esperanza y Caridad. Donde hay Amor, no hay odio.
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