No te acongojes, alma pesarosa,
abre la ventana a la esperanza.
Batallas venciste y perdiste
en tu peregrinar por la vida.
La balanza descompensada
no es buena medidora;
procura equilibrarla, antes
de poner en cada plato
el juicio sobre tu pasado.
No te vanaglories por los
triunfos alcanzados ni te
fustigues por las derrotas
sufridas; sé humilde y compasiva.
Eres el soplo divino en un
vaso de barro.
Pídele al Alfarero que restaure
sus grietas y haga de ti una
vasija nueva.
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