El manto blanco de cerezos en
flor,
manantial de deleitante
ambrosía,
extendido por el Valle del
Jerte,
se extasió.
Arrobado por el donaire de su aleteo
y planear, ofreció el primaveral
perfume a la solitaria ave, que
surcaba el
cielo, en busca de amor.
Acabada la floración, la paloma lo
retuvo entre sus alas; siguió con
su vuelo, en busca del soñado
amado, para atraerlo con la
embriagadora fragancia.
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