Técnicamente planificada y ejecutada
fue la extracción de Nicolás Maduro,
aunque cabe preguntarse si fue
necesario
e imprescindible, a ojos de un
profano,
el aparatoso despliegue militar para
arrestarle y de Venezuela sacarle.
Con la CIA infiltrada en el entorno
próximo del dictador, dinero para
comprar traiciones, promesas de
impunidad
y facilidades de salida digna a la cúpula
chavista, tal vez, al verse acorralada, se
hubiera conseguido, sin tanta
parafernalia
belicista, la
extracción o entrega discreta
del dictador. Si
se intentó, no dio resultado.
Se tiró por el
camino del medio y se lanzó
aviso del poderío USA a los navegantes
que no se doblan
a sus planes.
De momento, Delcy Rodriguez, la vice
con Maduro y sospechosa de traicionarle,
ha escalado a la Presidencia, con el beneplácito
de Trump y decepción de la oposición, con la
dudosa y forzada intención de pilotar la
transición
democrática;
aunque los intereses del presidente
norteamericano se rigen preferentemente por el
beneficio económico, en este caso el del
petróleo.
Ya se verá cómo acaba todo esto.
De momento resulta complicado
pronunciarse
sobre este asunto, con interrogantes sin
desvelar y opiniones polarizadas. Lo cierto es
que
Maduro, merecidamente, ha sido retirado de la
circulación y una incógnita sobrevuela
sobre
el futuro de Venezuela.
Trump ha desechado las esperanzas
puestas
en Edmundo González y Corina
Machado.
La vía sucesoria por la que se ha
inclinado,
puede ser más de lo mismo, si no le
aprieta
las tuercas a la Delcy y a los
mandamases
tiranos que la rodean.
No debería olvidar que las cabras tiran al
monte.
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