“ Caen en saco roto “ los reiterados
llamamientos del Papa, León XIV,
para el cese de la guerra en el
Oriente Próximo y se mantengan
diálogos entre los contendientes,
conducentes a la paz.
“ ¿ Cuántas divisiones tiene el Papa ?
“,
preguntó Stalin, en 1935, al Ministro
de Exteriores francés, Pierre Laval,
cuando éste le recomendó que rebajara
el acoso sobre
los católicos rusos,
como medio para mejorar las relaciones
con la Santa Sede.
El “ ejercito “ del Vaticano se
reduce
a la Guardia Suiza Pontificia,
encargada
de la seguridad del Romano Pontífice
y de la Santa Sede; como bien sabía
Stalin cuando formuló tan
innecesaria,
prepotente y
sarcástica cuestión.
La Iglesia católica proclama el
mensaje
de Cristo, aboga por la fraternidad y la
paz entre los hombres y las naciones,
siendo sus “ armas “ la fidelidad al
Evangelio, la oración y la entrega
desinteresada al servicio de los
demás.
“ Ubi caritas et amor, Deus ibi est
“;
pero, a menudo, los derroteros terrenales
optan por el enfrentamiento y prescinden
de Dios.
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