El elogio inicial a una persona, muchas veces va seguido de reparos o juicios negativos sobre la misma. Por ejemplo: “Es un buen hombre, pero...”, “ Es una mujer hacendosa, pero...”, “ Es un genio, pero...” , “ Es un político brillante, pero...” También ocurre lo contrario, se empieza por descalificar y se acaba con la muletilla: “ Pero en el fondo es una buena persona “.
Así pues, con el “ pero”, cuando entrelaza dos opiniones opuestas, se pretende a menudo una autojustificación o prueba de objetividad del que se expresa. En el debate político, cuando un adversario empieza con el halago a su contrincante, ya se intuye que irá seguido de una retahíla de “ peros”.
El caso es que todos tenemos nuestros “ peros “ y con ellos andamos a cuestas. La prudencia aconseja sopesar lo que se va a decir, aunque sea por la admonición bíblica de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Pero somos como somos, cada cual un cosmos con brillos y oscuridades. Esta es la realidad.
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