martes, 20 de septiembre de 2011

EL JUBILADO SINDICALISTA

 

Aunque le ganaba en años, su parecido con "Toxo", el Secretario General de CCOO, era asombroso. Con unos pocos menos hubiera sido confundido con el dirigente sindical o, como mínimo, con su doble. Allí estaba sentado el apacible jubilado, día tras día tomando su cafetito a la misma hora, disfrutando de relajadas vacaciones. La curiosidad nos pudo, así que, tras pedirle permiso, nos sentamos junto a él y al minuto le dijimos: perdone señor, ¿le han dicho alguna vez que se parece a alguien muy conocido?, respondiendo negativamente. Entonces le hicimos ver su gran parecido con “Toxo “ y el buen hombre, sin inmutarse, se explayó de este modo:

Es la primera vez que me lo dicen, pero¡ mire qué coincidencia!: durante muchos años he estado afiliado a Comisiones Obreras, aunque no me gusta la cosa sindical, ya que a algún sindicato convenía afiliarse. Incluso llegué a ser enlace sindical en la empresa en donde trabajaba y, justificándose, añadió que si no hubiera sido él le hubiera tocado ser a otro, por lo que decidió presentarse.

Continuó relatando su experiencia, con la sinceridad que facilita el transcurrir del tiempo para contar vivencias pasadas : ¡Lo que disfruté! sin gastarme un duro; todo pagado, viajes, suculentas comidas, regalos( teléfonos, libros, relojes, bolsas de viaje,...), dietas de desplazamiento, kilometraje,…

Una vez a la semana me desplazaba a la Capital para hacer alguna gestión en la sede provincial, que no me ocupaba más de una hora, y me sacaba un buen dinerillo extra que me  pagaban en la sede sin tener que dar mayores explicaciones.Tan sencillo como decir, he hecho tantos kilómetros, me he gastado X en un buen restaurante, cuando muchas veces la comida me costaba 7 €, y al momento me daban el dinero que decía haber adelantado. Y ¡ oiga Vd!, cuando comía con algunos de los gerifaltes del sindicato y/o abogados laboralistas, ¡ no vea Vd. la categoría de los restaurantes!, y marisco no faltaba; pagaba el sindicato.( En este momento le interrumpimos para apostillar que el dinero que reciben los sindicatos los paga el contribuyente).

También hizo referencia a las horas mensuales que quedaba dispensado de trabajar por motivos sindicales, aunque dedicaba pocas a tales menesteres y el resto libre para lo que quisiera. Mencionó de pasada la picaresca en torno a los cursos de formación a cargo de los sindicatos. De la defensa de los derechos de los trabajadores recordó que ganó un despido improcedente de un afiliado y que para las revisiones anuales de los convenios contaba con el asesoramiento de los abogados del sindicato.

Todo lo contó de corrido y en su locuacidad tan solo le faltó decir, aunque se intuía, ¡ que me quiten lo bailado!; aunque si recalcó, por segunda vez, que no era partidario de eso de los sindicatos, pero ¿ qué se va hacer?, dijo como disculpándose, si no se hubiera aprovechado él lo hubiera disfrutado otro.

Explicó que la empresa, como suele suceder, cedía en algunas demandas y le trataba bien, con consideración, pues primaba el evitar la conflictividad laboral en la misma. De vez en cuando había que hacer algún paripé para justificarse; eran las reglas del juego.

La conversación, más bien relato por su parte, no superó los 30 minutos. El viejo sindicalista se distrajo contando las batallitas y la bien remunerada jubilación anticipada que le arreglaron, recordándolo todo con satisfacción y pagado de si mismo.

Como no era momento para controversias, que tampoco nos apetecía ni buscamos, le felicitamos por su grata experiencia sindical, le dimos las gracias por su amabilidad , le deseamos continuara conservándose bien durante muchos años y unas prolongadas y felices vacaciones. Nos despedimos con el clásico " mucho gusto en haberle conocido, el gusto es mío", y de tal guisa se desarrolló lo que empezó en curiosidad por averiguar un parecido físico

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