viernes, 29 de enero de 2016

¿ QUIÉN ES QUIÉN ?


El "¿ quién es quién?" debería ser una premisa fundamental de las formaciones políticas, antes de proponer y promocionar a alguien en sus filas, en un intento de asegurar la idoneidad para el cargo y la función correspondientes. El ideal sería aunar la competencia y la probidad u honradez. No se hace así, y por ello se repiten los escándalos por doquier, en mayor grado cuando se ocupa el poder por largo tiempo, como ha sucedido principalmente en Convergencia  y Unió, Partido Socialista y Partido Popular.

Lo mismo debería ser aplicado a los que se dedican a la función pública; con mayor escrupulosidad a los que tienen que velar por el cumplimiento de la Ley en los diferentes ámbitos. El aprobar unas oposiciones no acreditan, por sí solo, las condiciones antes citadas ni la ponderación derivada del recto juicio y del sentido común.

El problema reside, además de su difícil encaje en un régimen democrático, en cómo se garantiza la objetividad y la neutralidad ideológica de tales informes previos que, en todo caso y sin merma de su confidencialidad restringida, deberían ser objeto de contradicción por el sujeto afectado que no estuviera conforme con el mismo. Tal problema, que puede contravenir las disposiciones sobre la función pública- para entendernos, el funcionariado-, no es extrapolable a la clase política. En ésta no se entra y asciende por oposición, sino por lo que deciden los “ aparatos” de los partidos o el dedo superior.

El caso es, volviendo al principio, que hay que poner los filtros necesarios para evitar que los mangantes busquen el chollo en la política, bien en su voracidad por enriquecerse sin reparar en medios o dejándose comprar por aquellos que buscan privilegios o tratos de favor.

Suele ocurrir que, cuando caen, se pone en el mismo saco de la corrupción, sin beberlo ni comerlo, a otros; aunque es difícil creer que, como mínimo, no olían el estercolero. La endogamia partidista hace que, en demasiadas ocasiones, se mire hacia otra parte, y luego sucede lo que sucede.


Con todo, tal vez por lo de “ el gato escaldado del agua fría huye”, parece que va calando la lección. La Justicia, que si es superlenta deja de serlo, actúa; el Estado de Derecho funciona, y hay motivos para pensar que la corrupción habida será cosa pasada, pero no hay que bajar la guardia.

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