miércoles, 11 de abril de 2018

EL TRIBUNAL REGIONAL DE SCHLESWIG-HOLSTEIN Y PUIGDEMONT

No hace falta meterse en laberintos y controversias jurídicas para expresar disconformidad con la decisión del Tribunal regional alemán, que denegó la entrega de Puigdemont por rebelión y, a su vez, ha solicitado más concreción por la imputación de malversación de caudales públicos. Con tal decisión, susceptible de recurso, ha hecho un flaco servicio a la cooperación judicial europea, excediéndose en sus funciones y minando la confianza recíproca por la que aquélla se inspira.

En España rige el Estado de Derecho y, en este caso, será nuestro Tribunal Supremo el encargado de sentenciar, en su día, los presuntos delitos que se atribuyen a Puigdemont, absolviéndole o condenándole. Todo lo demás es marear la perdiz, entrometerse en terrenos ajenos y extralimitarse en la aplicación  del espíritu y la praxis de la Orden Europea de Detención y Entrega.

En fin, tras la elogiosa labor de información y policial española y alemana, la escrupulosa y larga instrucción del Juez Llarena, avalada por el fiscal teutón interviniente, ese Tribunal regional germano de Schleswig-Holstein, cuyo nombre nos es difícil de pronunciar, se ha despachado echándonos un jarro de agua fría. El órgano jurisdiccional competente debería enmendar la plana al mentado Tribunal. Si esto no fuera así, preferible sería que el fugitivo Puigdemont continuara en su voluntario “ exilio “, viviendo a cuerpo de rey.

Por cierto, ¿ quién paga sus gastos y la parafernalia que le acompaña ? Mentiroso, cobarde y traidor, le dijo al juez alemán que los gastos relacionados con el sedicioso 1-O los sufragaron aportaciones voluntarias anónimas. Además de cabellera frondosa, tiene mucha cara.

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