jueves, 16 de abril de 2015

MADURO: OPROBIO PARA VENEZUELA.

 

El Presidente venezolano, Maduro, en plan insultante, grosero y amenazador, como es habitual en él, ha vomitado su maledicencia contra Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno español. El pretexto- si es que lo precisa para dar rienda suelta a su verborrea chulesca y barriobajera- ha sido, en esta ocasión, el acuerdo mayoritario del Congreso de los Diputados de España pidiendo la liberación del líder opositor Leopoldo López, del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma y de otros políticos venezolanos que sufren injusta e ilegal prisión en dicho país, en el que el Gobierno, presidido por tamaña acémila, despliega toda su fuerza coactiva y antidemocrática para silenciar la legítima discrepancia.

Conociendo al personaje, nada proveniente de él extraña, y como suelen hacer los de su misma ralea, aunque pocos alcanzan tal nivel de locuacidad incendiaria, se reviste con la bandera del falso patriotismo para tapar su incapacidad como político y gobernante, señalando enemigos de Venezuela donde no los hay. Es la reencarnación matona de los cabo de vara que doblegaban a los presos, ensañándose con el pueblo venezolano sojuzgado por él.

Venezuela, gran país y con un envidiable potencial de desarrollo y bienestar, no se merece el estado calamitoso al que le han llevado el chavismo y sus secuaces. Su máximo representante institucional, Maduro, la llena de oprobio cada vez que abre la boca; es la representación viviente de los pésimos modales. ¿ Cómo un espécimen de esta naturaleza ha podido llegar a presidir y gobernar un país ? Tal vez obedezca a mutaciones regresivas que, en el siglo XXI, hacen que emerja el ancestral primitivismo, el hombre salvaje.

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