viernes, 12 de septiembre de 2014

STOP A LOS TRISTES DESTINOS.

 

Lo que en el próximo futuro ocurra en España, sea bueno o malo para los intereses generales y la mayoría de los españoles, nos lo habremos buscado nosotros mismos; todos. Somos muy dados a culpabilizar exclusivamente a los otros como los causantes de los desastres, episodios desventurados y nefastos presagios- cada cual identifica quiénes son los responsables desde su propia óptica, experiencia, querencia o fijaciones- y raramente reflexionamos sobre si, de uno u otro modo, hemos contribuido a ello, sea por acción, omisión o desatención acerca de lo que es o o puede devenir en un problema.

Como ciudadanos, frecuentemente insistimos en los derechos que nos asisten y, por contra, no guardamos el mismo celo respecto a las obligaciones que nos incumben. El sentido de la responsabilidad nos debería llevar a cumplir los deberes, para tener la autoridad moral de exigir a los que rigen o influyen en el amplio abanico de los destinos personales, grupales y nacionales, que no hagan dejación de sus funciones ni las envilezcan.

El deterioro moral, político, institucional, económico, laboral, educacional, de la convivencia en armonía,..., no hubiera llegado al extremo actual si todos hubiéramos estado vigilantes y, a una sola voz, lo hubiéramos denunciado pública y responsablemente a su tiempo y hubiéramos obrado consecuentemente. Este desiderátum a toro pasado, con tintes utópicos, no debe conducirnos a la fatal resignación. En todo caso podría servir para preguntarse cada uno si hubiera podido hacer algo más en lo personal y como miembro de la colectividad. Si la propia repuesta fuera aseverativa, saber a qué atenerse y actuar desde ya. Los embates adversos sólo pueden superarse desde la fortaleza procedente del bien obrar y siendo paladines de la coherencia y la verdad.

Hay mucho en juego y no faltan los que sin escrúpulos- demagogos populistas, falsificadores de la historia y exaltadores de identidades de la confrontación y la ruptura,...- quieren sacar tajada de las aguas revueltas. Es hora de rectificar y enderezar el rumbo en aquellos aspectos que se han torcido. Quienes nos sucedan no merecen recibir por herencia la España de los tristes destinos. Demasiados nos ha deparado la historia.

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