sábado, 9 de septiembre de 2017

ACELERÓN INDEPENDENTISTA


A raíz del acelerón independentista de los últimos días en el Parlamento catalán: aprobación del referéndum del 1-O, ley de transitoriedad, calendario para proclamar y poner en marcha la República independiente de Cataluña, y un largo etcétera de ilegalidades, muchos se han caído del guindo cándido, al comprobar que los secesionistas no iban de farol cuando anunciaban sus intenciones. Nunca engañaron. Durante años fueron labrando su proyecto y gozaron de patente de corso, sin que sus tropelías antiespañolas fueran respondidas con la firmeza y prontitud requeridas. Tampoco pasaron desapercibidas las complicidades de parte de la burguesía catalana, así como los arropamientos monacales y de otros sectores eclesiásticos.

La reacción del Estado de Derecho se está pronunciando ahora con agilidad y claridad. La Generalitat y otras Instituciones dependientes de ella se han posicionado reiteradamente en rebeldía y desobediencia hacia instancias estatales superiores, incluidos los Tribunales de Justicia y el Constitucional, por lo que es ingenuo pensar que hagan caso a los requerimientos para que se apeen del burro.

En fin, muy pronto o ya habrá que pasar de las palabras a los hechos. Las togas dictan sus resoluciones, pero es el Gobierno quien tiene la fuerza legítima y otros instrumentos legales para que se cumplan. Llegado el caso, que llegará, no debe ser timorato en hacer frente a las posibles resistencias y desórdenes callejeros de la marabunta secesionista.

No puede resultarles gratis, ni ser sancionados, solo con inhabilitaciones, los principales responsables de este golpe de Estado, que han causado tanta desazón,inquietudes y ofensas a los sentimientos patrios. Merecen la prisión, además de pagar los platos que han roto y lo que han robado o malversado. De momento han fracturado la sociedad catalana y, llevados por el odio sectario, tratan de romper la unidad del país.

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