miércoles, 15 de enero de 2014

VIDA DESPUÉS DE LA VIDA.

 

En las distintas civilizaciones habidas a través de la historia se ha creído en el más allá y, en consecuencia, se ha rendido respeto a los difuntos y ofrendado al ente superior mediante ceremoniales distintos. A la muerte le seguía una nueva forma de vida que perduraba eternamente, con diferentes maneras de concebir en qué consistía la inmortalidad y su hábitat. La convicción de trascendencia era común en el politeísmo y lo siguió siendo en el posterior monoteísmo.

Con el paso de los siglos surgieron pensadores cuestionando el más allá, creando doctrinas basadas en que sólo existe lo que se ve y experimenta. Fue el germen del relativismo existencialista y materialista que ha ido calando en muchas sociedades actuales. Concretado en el hoy, ahora y en lo momentáneamente útil, invita a gozar de la vida, pues después, según tales teorías, no hay nada. No hay acción buena o mala que sea premiada o reprendida en un inexistente más allá.

Pese a tales teorías nihilistas, y prescindiendo de las creencias religiosas que acentúan la fe y la esperanza en la trascendencia del ser humano y, por tanto, marcan las pautas que deben regir en el peregrinar por la tierra, lo cierto es que muchos de los más incrédulos o escépticos albergan sus dudas. Creen que con la muerte se acaba todo, pero tampoco descartan lo contrario. Es más, quisieran tener esa fe que diera otro sentido a su vida y a lo que ésta conlleva de bueno y de malo.

Quienes albergan tales dudas o tribulaciones, que también suelen llegar ocasionalmente a los más creyentes, por eso que se ha descrito como “ los silencios de Dios”, deben ser ayudados para intentar disipar sus vacilaciones. Es un modo caritativo de evangelizar, o al menos de infundir esperanza. A eso estamos llamados todos los que creemos, aunque a veces nos planteemos preguntas para las que no siempre tenemos respuestas.

1 comentario:

  1. La única manera que yo creo para ayudar a las personas que han perdido la fe es con el ejemplo primero y con afán de servir después.Se dice que la fe es un don de Dios,y así es.Hay que rezar y pedir a Dios ayuda en casos de los que comentas.La fe que nos transmitieron nuestros padres,maestros y sacerdotes,además de otras personas
    es un don de Dios y ahí creo que se encuentra el meollo de la cuestión.Tenemos que pedir a Dios que nos conserve y acreciente nuestra fe.

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