jueves, 9 de julio de 2015

EVO MORALES Y LA CRUZ DEL OPROBIO.

 

El significado de la Cruz, símbolo de la crucifixión de Cristo, no debe ser manipulado, distorsionado ni apropiado ideológicamente. Quienes lo hacen desvirtúan el plan divino, el mensaje salvífico y redentor de Jesús, y ofenden los sentimientos de los creyentes cristianos. Ninguna causa, por justa o apariencia de serlo, lo justifica.

La Cruz, desnuda o con la imagen del Salvador clavado a ella no precisa de ningún otro aditamento; y mucho menos los que representan una simbología caracterizada por su fijación anticristiana-  muchas veces concretada en la Historia con persecuciones, martirios e intentos de reducir al silencio a la Iglesia de Cristo-.

En el intercambio de obsequios entre el Presidente de Bolivia Evo Morales y el Papa Francisco, con ocasión de la visita que el Sumo Pontífice ha realizado a aquel país, Evo le ha entregado una cruz tallada con la hoz y el martillo del símbolo comunista , que el Papa aceptó con semblante serio y desconcertado, a la vez que le decía- según las crónicas- : " Eso no está bien".

Se dice que la citada cruz es una réplica de la que talló el jesuita Luis Espinal, asesinado en Bolivia en 1980, quien se destacó por su compromiso con las luchas sociales. El Papa aprovechó su visita a Bolivia para rezar cerca del lugar en donde se supone fue ejecutado el mentado sacerdote; pero este acto de piedad cristiana nada tiene que ver con la ofensiva y profana banalización de la verdadera Cruz de los cristianos, fuera Espinal u otro el autor del original cuya réplica regaló Evo Morales al Papa Francisco.

Cabe suponer que el protocolo de la Curia no estaba al tanto del "regalito"- gran fallo de ser así-, y que el Papa, desagradablemente sorprendido por el obsequio, no lo rechazó por no hacerle un público desaire diplomático a Evo. De darse estos supuestos verosímiles- mejor no creer lo contrario-, cabe pensar que la cruz del oprobio reproducida, de no perderse por el camino, acabará en el baúl de los recuerdos infames en el Vaticano o desaparecida para siempre, sin saber ni cómo ni cuándo.

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