miércoles, 11 de septiembre de 2013

DOS JUECES.

 

Dos noticias, referidas cada una a un juez distinto, han suscitado polémica. Una, la entrevista mantenida durante una hora en una cafetería de Palma de Mallorca por el Juez Castro (Instructor del caso Nóos en el que está imputado el yerno del Rey, Iñaki Urdangarín), con la abogada del colectivo Manos Limpias, Virginia López, personado en tal procedimiento como acusación popular. La otra, la participación de Gómez Bermúdez, Juez Instructor en la Audiencia Nacional, en un programa televisivo de la Sexta para responder a las preguntas de los periodistas que, en buena parte, rondaron sobre el caso Bárcenas.

Del encuentro y charla entre el Juez y la abogada, dado a conocer por el diario ABC, es irrelevante si tomaron un " gin tonic" o un refresco, llamando la atención el hecho que se efectuara fuera del despacho oficial del primero y, por ello, ha dado lugar a que se originen suspicacias y se formulen interrogantes sobre el motivo de la entrevista en la terraza de la cafetería y la imparcialidad del Instructor que, como todo Juez, no sólo debe serlo sino también aparentarlo.

Este hecho es diferente a las posibles coincidencias casuales en tiempo y lugar que se pueden producir fuera de las sedes judiciales entre los jueces que entienden de un asunto y los abogados que son parte en el mismo, en las que por cortesía y en razón a conocerse procede el saludo. Tampoco se trataba de un acto social o determinado evento en el que hubieran podido coincidir y da pie al normal intercambio de palabras entre los asistentes.

Cuando media un asunto judicial en el que Juez y partes intervienen en el mismo, ejerciendo sus respectivos cometidos, deben observarse ciertas normas y cautelas para no dar lugar a malos entendidos ni a que se ponga en entredicho la imparcialidad judicial, con las consecuencias que podría acarrear las sospechas de no neutralidad.

En cuanto a la presencia de Gómez Bermúdez en el plató televisivo, que no es la primera, es madera de otro costal. No habló sobre procedimientos que está instruyendo, dijo que acataba las decisiones judiciales y que no quería valorar la labor de otros jueces, pues dentro de la legalidad cada uno tiene su forma de instruir, marca los ritmos y aprecia la oportunidad o no de determinadas diligencias; pero al ser preguntado sobre el borrado del disco duro del ordenador que utilizaba Bárcenas en la sede del PP, sentenció: " Yo no pido los discos duros, yo los cojo", lo que equivalió a una censura encubierta sobre la medida decretada por el Juez Ruz al solicitar la entrega del ordenador.

Aunque se abordaron otros temas(independencia judicial, injerencias políticas, competencias de la Audiencia Nacional, el indulto a Garzón del que es partidario por sus grandes servicios prestados, etc....), el caso Bárcenas fue la patata caliente servida en el plató. Bermúdez dijo no querer entrar al trapo sobre un asunto que no le concernía; pero se prestó a posar en el ruedo presumiendo lo que allí se iba torear y las artes de los maestros.

Afirmó que no le gustan los jueces estrella, que a él algunos lo han tildado como tal aunque no lo es; pero allí estuvo Gómez Bermúdez porque quiso, nadie le obligó. Sospechas de concertada complicidad quedaron en parte de la televisiva audiencia, atenta a las palabras, a silencios elocuentes y a alguna sonrisilla aseverativa trasmitidas por la pantalla.

El encuentro-charla entre Castro y la abogada, aún sin saberse de qué se habló, no fue estético. La intervención de Bermúdez en el plató, en cuanto Juez en activo y como tal, se dio de bruces con la habla judicial que, como norma, se expresa a través de los autos, providencias y sentencias, cuestionándose si fue ética.

A la postre, noticias sobre dos jueces. Uno, con visos de gustarle la comida casera y el otro que parece más proclive a probar las de los cotizados restauradores especializados en la cocina de autor. El primero suele vestir de informal sencillo; el segundo, atildado. Pero como " el hábito no hace al monje", lo decisivo es la elegancia interior, esa que recatadamente visten la mayoría de los jueces. Posiblemente Castro y Bermúdez estén entre éstos, pero no deberían dar motivos para pensar lo contrario.

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