miércoles, 25 de septiembre de 2013

JUSTAS PARLAMENTARIAS.

 

" Quien mucho habla mucho yerra", reza el refrán. Conviene, antes de hablar, pensar en lo que se va decir para no incurrir en desliz; pero nadie está libre de caer en él cuando se habla de corrido sin previa reflexión y sin reparar en el impacto, a veces no deseado, que puede producir lo dicho.

Esto, que en las cotidianas conversaciones informales puede suceder, generalmente sin mayores consecuencias, pues no se trata de guardar silencio y estrujarse la cabeza antes de pronunciar cualquier palabra o frase, tiene más importancia en los que salen a la palestra pública por su cargo o profesión, como ocurre en el campo de la contienda política.

El terreno parlamentario, propicio a la improvisación del momento y no exento de diatribas, es de por sí especialmente resbaladizo y a menudo” las cañas se vuelven lanzas”. En él, cuando ha habido tiempo para la reposada reflexión, se procura adivinar las intenciones del adversario y no exponer argumentos fáciles de rebatir; pero si resulta fallido el intento, surge entonces la pretensión de salir airoso desviando la respuesta por otros derroteros o utilizando la habilidad dialéctica para escurrirse y tratar de poner en evidencia al contrario.

Con todo, hay que guardar cautela sobre algunas de éstas justas parlamentarias. Suele ocurrir que, finalizadas, vencedores y vencidos compartan amigablemente y se digan " hasta la próxima"; reservándose los caballeros y las lanzas para la pugna venidera. Entre lance y lance se mandan recados en declaraciones, y parte del público anda confundido tratando de distinguir la realidad de la simulación.

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