domingo, 15 de septiembre de 2013

ESPEJISMO, REALIDAD Y OASIS.

 

Ha pasado la decepción por no albergar Madrid la sede olímpica de los Juegos-2020 y se ha anunciado que no se va a repetir un cuarto intento para los de 2024. Mejor así, menos gastos y despejadas las incertidumbres. Fue un sueño al que, además de por creídos sobrados méritos, nos sumamos colectivamente para intentar aliviar la sed y el hambre que nos depara el inclemente desierto por el que caminamos, pero lo que que creíamos ver en el horizonte vaporoso no era un oasis sino el resultado de un espejismo. Hemos vuelto a la realidad y hay que seguir andando.

Por otra parte, atrás quedó la cadena humana de la "Diada" en Cataluña en la que hubo gran participación de convencidos secesionistas y de adheridos circunstanciales reclutados en las arenas de la insatisfacción. Para los primeros fue la expresión de un anhelo permanente, más o menos exteriorizado en el tiempo según las conveniencias; para los segundos, ingenuos, la oportunidad proclamada desde los altavoces nacionalistas que les llevaría a un futuro mejor.

El proyecto separatista va en serio y es un peligro. Tal ensoñación nada tiene que ver con el " I have a dream" ( Tengo un sueño) de Martin Luther King, defensor de los derechos civiles de los afroamericanos y símbolo de las voces contra la discriminación y segregación racial; como tampoco es asumible la equiparación, efectuada por Artur Mas, de la cadena catalanista con la marcha que aquel lideró hacia Washington en 1963 para reclamar los citados derechos. USA es un gran nación unida por la bandera de las estrellas y presidida hoy por un hombre afroamericano. El independentismo es segregador, en Cataluña se conculcan determinados derechos reconocidos constitucionalmente, ondean " esteladas" independentista de una sola estrella y fanáticos exacerbados queman la bandera de España.

La fijación antiespañola también se da en los independentistas de algún otro territorio, y los ultrajes a los símbolos patrios suele brotar entre sus militantes radicales; en posiciones de extrema izquierda se aúnan la obsesión y los escarnios contra España. En oposición a los anteriores, existen grupúsculos de extrema derecha en número y activismo mucho menor, como el que irrumpió en la Delegación de la Generalidad de Cataluña en Madrid el día de la Diada, interrumpiendo incívicamente los actos que allí se desarrollaban y perturbando el orden. Estos fueron detenidos poco después, algunos de ellos se presentaron voluntariamente en la Comisaria; de los encapuchados que en Barcelona quemaron la bandera de España, la de la Unión Europea y causaron desmanes al término de la celebración del día festivo-reivindicativo, nada se ha sabido hasta el momento, lo que da que pensar.

No cabe obviar a aquellos otros, patriotas o no, que sin pretender dañar directamente a España y a su dignidad, la envilecen con rapacerías y egoísmos, y a los que utilizan el debate político como trapisonda y arma arrojadiza en constante confrontación sin reparar en el bien superior común.

Por algunos de estos motivos o por todos, perdemos credibilidad en el exterior y la mayoría de los españoles se avergüenzan e indignan. Hay que desechar espejismos, ver la realidad y afrontarla con decisión. La travesía del desierto es dura y en él acechan los salteadores de distintas tribus. No se debe renunciar a llegar al oasis en el que reina la hermandad, todos son uno y se convive y comparte en armonía. ¿ Será posible ?. El tiempo dirá.

2 comentarios:

  1. Articulo muy templado, no tibio, que es lo que hace falta ahora.Decir las cosas sencillamente y con valor.

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  2. Increíble que pasen estas cosas en un país que antes era serio.¿Juró el Sr.Mas la bandera?

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