La vicepresidenta primera, María Jesús Montero,
que tanto habla y da que hablar,
soltó la aberración jurídica
de anteponer el testimonio de la
mujer
a la presunción de inocencia.
Mayor burrada no se puede dar.
En tropel la han criticado las
asociaciones de jueces, de fiscales,
los abogados, los medios neutrales
y todo quisqui con sentido común.
Si tuviera un mínimo de vergüenza,
hubiera reconocido su grave metedura
de pata y presentado su dimisión,
que tanto se le ha reclamado.
Pero sigue en el puesto que no se
merece,
y quien puede, por ser el
presidente,
-¡ otro que tal !-, no firma el cese
de su chillona e ignorante escudera.
Esta mujer necesita un breve
cursillo
elemental en una jurídica escuela.
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