Mientras no circule el dinero y no se creen puestos puestos de trabajo, la inversión productiva no se producirá y el desorbitado paro no remitirá hasta niveles aceptables. Estos son lo pilares básicos para el crecimiento económico, lo demás son filfas. Las recetas para alcanzarlo son varias, según la distintas perspectivas y posicionamientos político-económicos con los que se enfoque el problema; pero ni las del Gobierno lo están consiguiendo, ni las que proclama el principal partido de la oposición ofrecen mínimas garantías.
La regla básica debe estar orientada, en primer lugar y para empezar, a reducir el déficit con el pago de la deuda más los intereses y a no gastar más de lo que se tiene. Ni siquiera, en algo tan elemental, se ponen de acuerdo nuestros próceres políticos sobre cómo hacerlo, ya que difieren de dónde sacar el dinero para afrontar la deuda y dónde meter la tijera para cortar el gasto innecesario en esta situación de grave crisis.
Pero unos y otros (las distintas administraciones, partidos, sindicatos,...), salvo contadas excepciones, siguen emperrados en mantener su cortijo, al que a lo sumo lo briznan con un ligero e insuficiente toque de aparente austeridad y el pueblo, como suele suceder, a pagar las consecuencias tirando del carro hasta quedar exhausto y deslomado.
Es impensable que los que nos gobiernan y los otros desconozcan lo que sabe la generalidad: qué gastos son totalmente superfluos y contraproducentes en una economía enclenque como la nuestra, próxima a la de vital subsistencia. Y en esas estamos: unos no se atreven a poner en marcha la podadera y otros se resisten a ser podados.
Nos perdemos y nos engatusan con macro cifras, anuncios de planes y reformas estructurales con resultados a muy largo plazo ("¡ cuán largo me lo fiais...!"); desde fuera nos dicen lo que hay que hacer ( ¿ en nuestro bien, o en el de quiénes ? ) y nos examinan; tememos la llegada de cada viernes por las nuevos sobresaltos que depare el Consejo de Ministros; las noticias no difunden ni una buena; y a los que saben cómo sacar a flote la Nación y pondrían todo su empeño en ello, o no se les escucha o no les dan cancha en el juego.
La válvula de escape que es el futbol, nos ha deparado las derrotas del Barcelona y del Madrid en Alemania. Solo queda la esperanza de que en los partidos de vuelta cambien las tornas. ¡ Qué temporada llevamos ! Suspiremos para que todo no vaya a peor, al fin y al cabo ya dice el refrán que " no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante"; aunque, vistas las cosas, el escaldado pueblo prefiere el de " dame pan y llámame tonto", y muchas veces en la vida hay que hacerse el tonto precisamente por no serlo.