jueves, 7 de julio de 2011

PINTORES Y LA EXTINTA BOHEMIA

 

Las relaciones y más de una amistad con creativos maestros de la pintura, nos ha permitido el penetrar parcialmente en ese “yo”, inabarcable en su totalidad, que se esconde en quien lo traslada al lienzo. Gozan de una sensibilidad que escapa al profano, destacan por su heterodoxia iconoclasta, viven el reto del perfeccionismo constante y cambiante, buceando en nuevas experiencias. En la pincelada de cada cual se intenta dejar constancia de un mensaje, en ocasiones tan críptico que se precisaría ser experto en las singularidades de espíritu y alma para atisbarlo; pero aún sin serlo, algo te dice, te llega a lo más profundo, aunque no llegues a descifrar el misterioso porqué,

Los amantes de la pintura tienen sus preferencias por estilos, técnicas ,épocas y autores. Si obedecen a las  deleitantes  o particulares sensaciones que su contemplación les produce, nada hay que objetar y si mucho a respetar. Aún así, es un auténtico privilegio, mayor que el disfrute anterior, si se tiene la oportunidad, previa invitación,  de presenciar cómo el artista se enfrenta a boceto y pinceladas en su estudio, mientras la embriagadora evaporación de aceites y disolventes te aproximan a intuir el alma que guía al pincel.

Eso hemos sentido, con frecuencia, en la buhardilla-estudio de un auténtico maestro, cuyo nombre se omite ya que no gusta de halagos ni protagonismos, pero cuyo parecido con Ernest Hemingway es asombroso. En él perdura  la extinta bohemia de Montmartre y Montparnasse, la libertad e independencia, por lo que parece apropiado incluir  la presentación, disponible en You Tube,” La Bohemia”, cantada por Charles Aznavour.

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